Vale, de acuerdo, todo mal. Muy mal. Malamente. Muy mal y tran-tran. Pero, ¿y ya está? ¿Esa es nuestra postura? ¿Es todo lo que se nos ocurre? ¿Quejarnos de lo mal que se ha puesto el panorama mientras tiritamos de frío?

Pobre hostelería. Pobre comercio. Pobres todos… porque aquí no hay ninguna empresa que salga indemne de esta pandemia que nos ha caído en mitad de la historia, de nuestra historia, que pensábamos que era próspera y sólo podía conducir hacia adelante, viento en popa a toda vela…

Habrá que sortear el monolito éste del coronavirus que se ha situado como una barrera en mitad de nuestro camino. Difícil destruirlo a base de picar, porque es granítico y se reconstituye con variantes y nuevas olas que nos envían semiconfinados o encerrados perimetralmente o nos obliga a bajar persianas temporalmente.

Pero este invierno en el que estamos instalados desde hace casi un año puede servirnos para pensar, para crear, para proyectar, para reinventarse. Y todo ha de empezar con una tormenta de ideas donde salgan las iniciativas más disparatadas, los servicios más increíbles, los nombres más divertidos, las marcas casi absurdas. El invierno es para disfrutar imaginando y pariendo las ideas más disparatadas. Luego, ya llegará el deshielo y será el tiempo para matizar, para filtrar todo lo que hemos apuntado y quedarnos, al menos, con algo que nos sirva de gran objetivo para este 2021. Sí, tarde o temprano dejaremos este largo invierno de casi un año y regresará la primavera a nuestras vidas.

Ah, por cierto, si en ese proceso de parir ideas locas y proyectos ilusionantes para un futuro próximo necesitan que alguien les eche una mano para ayudarles a comunicar, aquí nos encontrará.